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JJ Hombrados: “El objetivo es volver, luego ya veremos cuánto duramos”

28 Nov
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JJ Hombrados continúa con su proceso de recuperación. A mediados de octubre se retiró lesionado en el partido de Liga de Campeones que enfrentó al Atlético de Madrir y al Veszprem. La resonancia magnética confirmó los peores presagios. Rotura del ligamento cruzado anterior en la rodilla de la pierna izquierda. Siete meses en la grada. El próximo mundial que se celebrará en España no será lo mismo sin Hombrados bajo palos y con el brazalete de capitán. JJ lucha para volver a las pistas, a sus 40 años, con la ilusión de un cadete.

¿Cómo lleva el proceso de recuperación?

Ha pasado ya el primer mes. Las primeras semanas son las más duras y las más molestas, pero ya me puedo mover con cierta independencia, voy con una sola muleta. Estoy satisfecho, los fisioterapeutas están contentos con el trabajo que se está realizando y todo va por buen camino.

¿Psicológicamente cómo lo lleva?

Estoy animado, estoy ocupando el tiempo y se pasa rápido. No me ha entrado el agobio, quizá a medio camino, a los tres meses, es cuando dicen que más te empiezas a agobiar pero de momento lo llevo bastante bien y estoy muy mentalizado.

¿Sigue pensando en volver a las canchas?

Sí, por su puesto, el objetivo máximo con el trabajo que estamos realizando es estar en condiciones para volver, luego veremos cuánto duramos, pero mi objetivo máximo es volver

Ahora le toca empujar desde la grada. ¿Se pasa peor que desde la portería?

Se sufre más desde la grada. Ver al equipo sufriendo, ver al equipo que no consigue los objetivos o ver que las cosas no nos van como nos gustaría te aumenta el sentido de la culpabilidad y se pasan muchos nervios.

Y el próximo 9 de diciembre os jugáis más de media liga ante el Barcelona en casa.

Es un partido muy importante y muy difícil. El Barcelona está jugando muy bien y nosotros todavía necesitamos un tiempo de adaptación, pero creemos que el factor campo puede ser un punto a favor. El equipo está cada vez mejor, y deseo que lleguemos lo suficientemente bien para ganar el partido.

 

Vuelo 751

20 Nov

7 de diciembre de 1991. Aeropuerto de Arlanda, Estocolmo. 6.00 horas. La megafonía anuncia que el avión McDonell Douglas va a despegar destino aeropuerto de Frederic Chopin de Varsovia con escala en Copenhague. Hay riesgo de nieve…

El capitán Stefan G. Rasmussen y su pirmer oficial, Ulf Cedermark, despegan la aeronave bautizada como Dana Viking, matrícula OY-KHO. A bordo llevan cinco sobrecargos y 122 pasajeros, entre ellos el gran portero de balonmano Tomas Svensson.

Día gris luminoso, amenaza tormenta de nieve. Hace frío, mucho frío. El termómetro no logra alcanzar los 0 grados. Está siendo un invierno crudo en Escandinavia. Los pilotos reciben la autorización de la torre de control: “pueden despegar”. Y entonces avisan al pasaje: “abróchense los cinturones, vamos a salir, deseamos que tengan un buen viaje”.

El aparato blanco corre por la pista, coge la velocidad necesaria y comienza a elevar la proa. Es el punto de no retorno. Se levantan los trenes de aterrizaje y, de repente, dos impactos en los dos motores traseros se suceden al mismo tiempo. El avión se desnivela. Algo está alterando las corrientes de aire en las alas. Sólo llevan 25 segundos en el aire y tratan de desacelerar los motores. No pueden.

Han pasado 78 segundos desde el momento del despegue. Se apagan los dos motores. El capitán Rasmussen consigue nivelar el aparato tras un picado controlado. Les separan 980 metros del suelo.

“Torre de control de Arlanda, pedimos permiso para regresar de inmediato, nos fallan los dos motores traseros”, grita por radio el capitán. El primer oficial Cedermark y el capitán Holmberg, que se encontraba en el avión como pasajero y que corrió hasta la cabina al percatarse de los problemas, tratan de reiniciar los motores. Las nubes no permiten ver a qué distancia están de la tierra. Nadie consulta el altímetro.

Se abren las nubes, el suelo está demasiado cerca, a 270 metros. El capitán Rasmussen suda y guarda la calma. Ha visto un claro de bosque a su derecha. Ordena a todo el pasaje que adopte la postura de choque.

El avión cae poco a poco. Los pilotos intentan mantener los frenos aerodinámicos al máximo para que el golpe sea lo menos violento posible. El ala derecha del avión golpea la copa de los árboles. El impacto es inmediato.

La colisión con los árboles provoca que el avión caiga a tierra con la cola por delante. Se desliza con la panza por la nieve como un trineo descendiendo sin control. La nave se parte en tres. El aparato detiene su deslizar descontrolado. Silencio.

Silencio. Tomas Svensson abre los ojos, mira a izquierda y a derecha. Mira su cuerpo. Mira sus manos. Se frota el rostro. Vuelve a mirar a izquierda y derecha. Reina el silencio. Se incorpora como puede en el asiento. Mira adelante y atrás. Silencio. Las miradas de terror entre los pasajeros desatan la tensión. Gritos, lloros, abrazos, arañazos, golpes, dolor, incredulidad. No hay muertos. Ya son los 129 supervivientes del que se conocerá como “milagro de Navidad”.

Rasmussen, Cedermark y Holmberg lo han conseguido, son los héroes del accidente de Gottröa. “La fortuna radicó en que las bajas temperaturas y la nieve impidieron que el combustible ardiera y el avión estallase”, recuerda un serio Svensson de mirada perdida.

Sirenas, luces, ambulancias, policía, bomberos, hierros, ruido, nieve, frío, caos, milagro. El combustible se había helado después de haber estado el aparato toda la noche a la intemperie. El hielo transparente cubría todas las alas. La pericia de los pilotos consiguió que tardaran en caer cuatro minutos, cuatro largos y eternos minutos que salvaron la vida de todos los ocupantes del vuelo 751. “Si has tenido un accidente aéreo es muy difícil volver a tener otro, es casi imposible, es el transporte más seguro. Si viajas conmigo ya no te puede pasar nada”. El guardameta habla como si estuviera vivo por regalo de la diosa fortuna, aliviado por haber esquivado la guadaña de una muerte casi segura, inmortal en asuntos de vuelo, impactado por contar una historia con final demasiado feliz como para ser real. “No me preocupaba el impacto, lo más duro era ser consciente durante esos cuatro minutos de que no íbamos a sobrevivir”.

Hielo, uno fina capa de hielo, capaz de desprenderse golpeando los álabes y dificultando el vuelo. Un cúmulo de trágicas casualidades que salvaron unos pilotos que nunca se habían subido a un simulador de vuelo ni tenían la más remota idea de cómo reiniciar los motores. “Cuando viajo en los aviones intento ir al lado de una persona de complexión fuerte, alguien alto, que pueda dominarme si me entra el pánico”.

En el vuelo 751, en aquel MCDonnell Douglas MD- 81 de la aerolínea SAS, Svensson ocupaba el asiento del pasillo. “No veía nada de lo que estaba pasando, me angustiaba, quería saber qué sucedía. Ahora viajo siempre en ventanilla”.

Aquel despegue ha marcado su vida y a punto estuvo de poner fin a su carrera: “Tuve que elegir entre mi profesión, que me exige volar, y entre no volar. Elegí mi profesión”. Ahora se ha convertido en un experto en aviación y en ejercicios de relajación para cuando se altera en los despegues y aterrizajes.

El Gottrörakraschen, como se conoce el accidente aéreo de aquel fatídico 27 de diciembre, cambió la filosofía de vida de Tomas Svensson. “Puedes ir hacia arriba o hundirte”. El camino que siguió el sueco queda claro. A sus 44 años todavía defiende la portería del Reihn Neckar Lowen de la Bundesliga. En su mochila, éxitos en Asobal con Atlético de Madrid, Bidasoa, FC Barcelona, San Antonio y Valladolid.

Quizá supo en aquel avión que no era su momento porque no pasó la película de su vida por su cabeza. No se vio levantando sus dos mundiales, sus dos europeos ni sus tres medallas olímpicas. No se vio levantando sus seis ligas ni sus seis copas de Europa.

Siempre ha dicho que le gustaría llegar a la jubilación jugando y, conforme las canas van apareciendo en su pelo, se puede pensar que el bueno de Tomas, cuando lo decía, no estaba de broma: “Los últimos años de mi vida han pasado volando”. Paradójico.

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San Antonio, salvo “milagro”, anunciará mañana que no juega en Asobal

6 Oct

El San Antonio no ha presentado los avales ante la Liga Asobal y se encuentra en la cuerda floja. Ayer 17 de julio expiraba el plaza, y el equipo navarro no ha llegado a tiempo de garantizar la continuidad del proyecto en la máxima categoría del balonmano nacional. El club está trabajando a estas horas para sacar adelante la situación que ya pende de un “milagro”, según apuntan fuentes cercanas a la entidad.

Según ha podido saber TeInteresa, la pasada semana, el patrocinador que tenían comprometido para la próxima temporada, realizó la peor llamada que podía hacer. La crisis aprieta y no podía aportar al club las cantidades acordadas. Compuestos y sin patrocinador, con un equipo plagado de jugadores navarros y con nuevo entrenador, la situación es más que delicada.

La junta directiva continúa trabajando para sacar adelante la estructura. Necesitan 200.000 euros para garantizar los cobros de la plantilla durante toda la temporada. 200.000 euros que, ahora mismo, separan al equipo de salir en Asobal o tener que plantear su futuro.

No han estudiado, hasta el momento, acogerse a concurso de acreedores que supondría su desaparición. Es una decisión que en ningún caso puede tomar la junta directiva, y que tomaría el San Antonio en asamblea.

Las posibilidades de continuidad son mínimas. Mañana 19 de julio a las 12 del mediodía el presidente, Doroteo Vicente, comparecerá ante los medios de comunicación para aclarar la situación. Es el plazo que se marca el club. Si de aquí a esa hora ninguna de las tres gestiones de patrocinio que tienen abiertas llega a buen puerto, San Antonio dirá adiós a la Liga Asobal.

En el club aseguran que todo puede pasar, pero que ahora mismo sería un “milagro” salvar la papeleta. San Antonio, a pesar de no haber presentado los avales, está inscrito por derecho en la Liga Asobal para la próxima temporada. El 20 de julio se sortea el calendario y la decisión no tendra vuelta de hoja una vez hayan salido las bolas del bombo.

Las instituciones no pueden apoyar al club, ha sido un problema del propio San Antonio, y aunque los blanquiazules se agarren al optimismo reservado de su junta, 56 años después están en peligro grave de desaparecer.

Otra opción es que el club pueda salir en División Plata, donde ya ha pagado la inscripción, pero el proyecto y el San Antonio cambiaría por completo, y el nuevo Reyno de Navarra Arena que esperaba albergar a un equipo campeón de Europa, tendrá que esperar.